Columnas

Bienestar desaforado y desamparado

PULSO 

Eduardo Meraz

En aras de no perder el respaldo de trabajadores, pues no habrá más aguinaldo ni menos horas de labor-, el presidente palaciego promete a la clase obrera una más de sus inviables ocurrencias, un nuevo modelo pensionario, a cargo del gobierno, como si a lo largo de su sexenio no existiesen suficientes pruebas de ser un pésimo administrador de los recursos públicos.

Sin consulta alguna a los afectados o a la sociedad -adoptando una actitud cual si fueran seres superiores-, el ejecutivo federal y su claque legislativa, han decidido que el gobierno cuatroteísta debe tener el monopolio en el manejo de las pensiones. Es una decisión arbitraria y sin ninguna garantía de que las aportaciones obrero-patronales serán manejadas con eficiencia y honradez.

El fondo de pensiones del “bienestar”, en el cual se incluiría, de manera obligada, a la fuerza laboral mayor de 70 años que no hubiera reclamado su pensión, y que según al presidente asciende a alrededor de 40,000 millones de pesos implica, de hecho, confiscar este monto resguardado en las Afores; es decir, se trata de un proceso “desaforado” -por la prisa de y urgencia de tener dinero “fresco”-, a costa de los ahorros acumulados por los obreros a lo largo de su vida productiva.

De manera significativa y a propósito, el mandatario totalmente Palacio Nacional omitió explicar que tales recursos privados los ocuparía para financiar el funcionamiento del gobierno, quien no sólo malgastó el dinero de los fideicomisos existentes a su llegada al poder, sino que incrementó la deuda pública en más de 60 por ciento.

En términos financieros, a pesar de la versión oficialista de finanzas sanas, al término de este sexenio tendremos un gobierno débil, vulnerable e incapacitado para cumplir con sus obligaciones hacia los ciudadanos. Y no sólo eso, sino dispuesto a seguir echando dinero bueno a subsidiar a proyectos como Pemex, incluida la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y la mayoría de empresas públicas operadas por el cuatroteísmo.

Mayor desconfianza genera este interés o apetito súbito del oficialismo por el dinero de los obreros, si se toma en cuenta que las “aportaciones” al Fondo de marras, vendrán de esquemas y proyectos fracasados y que el presidente sin nombre y sin palabra ya había comprometido entregar tales utilidades -sí que es que algún día las obtienen- a las fuerzas armadas.

Ante la aprobación de la ley en esta materia, la clase obrera quedará en la indefensión, pues al mismo tiempo, en el Senado de la República se aprobaron en comisiones varios ajustes a la Ley de Amparo, a fin de limitar los derechos progresivos obtenidos, constriñendo las facultades de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Por ejemplo, si un trabajador solicita un amparo ante la decisión gubernamental de confiscar su pensión y la Corte le otorga la razón y le otorga la suspensión para evitar ese proceder, dicha suspensión, en lugar de beneficiar a todos los trabajadores, únicamente podrá beneficiar al demandante, cuando antes tenía aplicación general.

En otras palabras, muchos mexicanos, no sólo los trabajadores, quedaremos desamparados ante los actos de gobierno que sean contrarios a nuestros derechos fundamentales, de manera individual.

Esos son los coletazos de un presidente palaciego que, de una parte, promete mejorar los ingresos de los pensionados mayores de 70 años -la zanahoria-, y por la otra, casi anula tus posibilidades de defenderte si un ordenamiento lesiona tus derechos.

Como ya no se siente seguro en el envallado palacete virreinal, su habitante temporal busca “blindar” sus ocurrencias legislativas al precio que sea; para eso cuenta con la arrogancia de sentirse independientes de los legisladores de Morena y aliados.

He dicho.

EFECTO DOMINÓ

Para quienes en una especie de “nado sincronizado” hicieron su evaluación del primer debate presidencial, hay una cita de Albert Camus: «La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes del totalitario sino sobre las faltas de los demócratas”, que este jueves recupera Gil Gamés (Milenio), y me parece oportuno volver a citar.

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@Eduzarem

 

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